Las precipitaciones dejaron 144 milímetros de agua en Las Condes y, junto con desagües obstruidos y suelos debilitados, agravaron las inundaciones.

Un violento aluvión afectó a Las Condes, una comuna de Santiago de Chile, luego de varios días de lluvias intensas en la precordillera. En el sector se registraron 144 milímetros de precipitaciones, que provocaron una corriente de agua, barro y escombros capaz de arrastrar autos y colectivos por las calles.
El fenómeno fue consecuencia de varios factores: la saturación del suelo, la obstrucción de conductos de desagüe y la pérdida de vegetación provocada por incendios forestales durante el verano. La corriente desbordó la Quebrada Honda y avanzó sobre zonas urbanas, donde se registraron daños e inundaciones.
Uno de los episodios más impactantes ocurrió cuando los pasajeros de un colectivo tuvieron que subirse al techo para escapar del barro. Mientras tanto, las autoridades y los equipos de rescate comenzaron a retirar sedimentos y escombros y a despejar los sistemas de drenaje.

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Las lluvias intensas y los desagües obstruidos
Las precipitaciones fueron uno de los principales factores que desencadenaron el aluvión. Algunos sectores de la Región Metropolitana superaron los 140 milímetros de lluvia, mientras que en otras zonas las mediciones rondaron los 60 milímetros.
La tierra ya estaba saturada y había perdido capacidad para absorber nuevas precipitaciones. Esa condición aceleró el escurrimiento del agua hacia las zonas más bajas. Catalina San Martín, alcaldesa de Las Condes, explicó que el suelo estaba completamente mojado y no podía absorber más agua.
A las lluvias se sumó otro factor meteorológico: la ubicación anormalmente elevada de la isoterma cero. Según explicó Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo, esta condición hizo que parte de las precipitaciones que habitualmente caen como nieve en la montaña llegaran en forma de lluvia.
Como consecuencia, aumentó el volumen de agua que descendió por las quebradas. La situación se agravó por la obstrucción de dos conductos paralelos destinados a evacuar el agua fuera del área urbana.
El delegado presidencial de la Región Metropolitana, Germán Codina, señaló que los ductos habrían quedado bloqueados por basura y escombros. Al no poder continuar su recorrido, el agua desbordó la Quebrada Honda y avanzó sobre las calles.
El efecto de los incendios forestales en la precordillera
La magnitud del aluvión también estuvo relacionada con los incendios forestales que afectaron la precordillera de Santiago durante el verano. El fuego destruyó parte de la vegetación que contribuía a mantener estable el suelo y a reducir el desplazamiento de sedimentos durante las lluvias.
Sin esa cobertura vegetal, la tierra quedó más expuesta al arrastre del agua pendiente abajo. Los sedimentos se incorporaron a la corriente y aumentaron la cantidad de barro que llegó a las calles, agravando los daños en las zonas urbanas.
El riesgo ya había sido identificado por las autoridades chilenas. El Ministerio de Obras Públicas y el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) tenían prevista la instalación de mallas de contención para reducir el arrastre de materiales desde las quebradas. Sin embargo, esa infraestructura preventiva todavía no estaba operativa cuando ocurrió el aluvión, según la información difundida.
La situación abrió interrogantes sobre las medidas de prevención y la capacidad de respuesta ante lluvias extremas, especialmente en sectores urbanos cercanos a las laderas de la cordillera.
Emergencia en Las Condes y tareas de recuperación
El presidente de Chile, José Antonio Kast, declaró a Las Condes como zona de catástrofe. La medida se conoció mientras los equipos de emergencia comenzaban a asistir a los afectados y a despejar los sectores más comprometidos.
La alcaldesa Catalina San Martín defendió las tareas realizadas antes del temporal y sostuvo que las precipitaciones habían sido inesperadas. La funcionaria afirmó que se habían realizado trabajos preventivos y atribuyó la emergencia a la intensidad del fenómeno natural.
Personal municipal y bomberos trabajaron con maquinaria pesada para despejar avenidas, retirar escombros y limpiar los colectores bloqueados, con el objetivo de reducir el riesgo de nuevos desbordes.
Las lluvias también provocaron crecidas de los ríos Mapocho y Maipo. En Talagante, el desborde del Maipo generó inundaciones que afectaron a sectores con viviendas precarias.
El episodio dejó expuesta la combinación de factores naturales y problemas de infraestructura que pueden agravar una inundación: precipitaciones intensas, suelos saturados, pérdida de vegetación y sistemas de evacuación que no lograron contener el avance del agua.
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