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MUNDO

31 de agosto de 2020

Violencia en EE.UU.: una grieta que se agranda, ahora con civiles armados y el guiño de Donald Trump

Se veía venir en Estados Unidos. Cuando Clarín estuvo en mayo en las calles de Minneapolis, Minnesota, tras el asesinato de George Floyd por parte de un policía, pudo ver y entrevistar a vecinos que salían por cuenta propia por las noches a patrullar y proteger sus negocios de posibles saqueos o incendios que temían de parte de manifestantes indignados. Pegaban en sus camionetas carteles pintados a mano que decían “Patrol” (patrulla) y recorrían el barrio, armados, dispuestos a disparar si fuera necesario.

Nadie disuadió a estos vecinos. Cuando las manifestaciones contra el racismo y la violencia policial se extendieron a todo el país, este tipo de “autodefensa patriótica” se expandió (recordemos el caso del matrimonio que salió a la puerta de su mansión en Sanit Louis, Missouri, con fusiles de asalto, cuando pasaba una marcha pacífica) y se agravó.

 

Ahora, en un clima extremadamente divisivo en plena campaña electoral, la situación escaló a un nivel mucho más peligroso, porque estos grupos ya son milicias armadas organizadas que no solo buscan proteger la propiedad privada sino también salen a apoyar a la policía en la represión de manifestantes. Lo más grave es que tienen el aval oficial: son apoyados públicamente por el presidente Donald Trump, que los llama “patriotas” y acusa a la oposición de ser “débil” y no tener la capacidad de poner orden en las ciudades.

Seguidores del presidente Donald Trump en Portland, Oregon. Foto Reuters© clarin.com Seguidores del presidente Donald Trump en Portland, Oregon. Foto Reuters

En medio de las marchas que se desataron contra los 7 balazos en la espalda que un policía le disparó a Jacob Blake, el martes pasado un joven blanco de 17 años armado con un fusil AR 15 en Kenosha, Wisconsin, mató a dos hombres e hirió a un tercero. El sábado por la noche, en Portland, Oregon, los camiones llegaban cargados de gente armada con banderas de Trump con propósitos inciertos, pero fueron calificados como “grandes patriotas” por el presidente. Uno de ellos, que tenía una gorrita con la leyenda “Patriot Prayer”, una milicia de ultraderecha, apareció muerto.

El presidente avanzó con un mensaje que no llamaba precisamente a la calma. “La gran reacción violenta que está ocurriendo en Portland no puede ser inesperada después de 95 días de ver un alcalde incompetente admitir que no tiene idea de lo que está haciendo. La gente de Portland no soportará más sin seguridad. El alcalde es un TONTO. ¡Traigan a la Guardia Nacional!”, tuiteó.

El candidato demócrata, Joe Biden, condenó en un comunicado la violencia de ambos lados. “La violencia mortal que vimos durante la noche en Portland es inaceptable. Condeno esta violencia de manera inequívoca. Condeno la violencia de todo tipo por parte de cualquiera, ya sea de izquierda o de derecha. Y desafío a Donald Trump a que haga lo mismo”, dijo.

En MIchigan, una protesta frente al Capitolio con armas largas. Foto AP© clarin.com En MIchigan, una protesta frente al Capitolio con armas largas. Foto AP

En un país extremadamente polarizado como el Estados Unidos de hoy, hay dos narrativas o relatos bien diferenciados. Por un lado, hay quienes ven a estos grupos armados como supremacistas blancos destinados a exterminar por mano propia y por la fuerza a una manifestación antirracista pacífica y popular. Pero otros los consideran ciudadanos comprometidos con la seguridad del país, como valientes héroes que salen a defender la propiedad privada y a la policía que “tiene las manos atadas” porque no puede reprimir. La Casa Blanca promueve sin disimulo este segundo relato.

Con el caso del joven de 17 años, por ejemplo, una parte de los estadounidenses están convencidos de que mató a dos manifestantes porque trataba de defenderse mientras era atacado por turbas violentas; pero otros aseguran que en realidad los enfrentó y los mató por odio. Hay plataformas de recaudación de fondos en su caso: una para los familiares de las dos personas que mató con su rifle (recaudaron unos 15.000 dólares) y una colecta de una organización cristiana para pagarle los gastos de los abogados al joven que está preso (ya van 250.000).

Estas narrativas contrapuestas se ven en la cobertura de las noticias, en las redes sociales, en la calle y agravan la batalla cultural que se ha vuelto explosiva estos días. La Convención Republicana fue muy clara al respecto en su mensaje: los manifestantes son vándalos y de la izquierda radical, mientras que los “trumpistas” están con la policía (Back the Blue, en contraposición al BlackLivesMatter), apoyan a la policía y este chico sale a plantarse cuando las autoridades (demócratas) fallan. En buena parte del país de los cowboys, donde hay un arma por habitante, la justicia por mano propia es bien vista.

A casi dos meses de las elecciones y cuando va 7 puntos detrás de Biden en las encuestas, pero en franco ascenso, Trump aprovecha este momento para reforzar su mensaje de “ley y orden” que llega muy bien a sus bases conservadoras, sobre todo los hombres blancos del interior del país. Pero es una situación extremadamente peligrosa. Los grupos ultraderechistas y supremacistas blancos, que en tiempos pasados estuvieron trabajando en las sombras, ahora sienten que son avalados abiertamente por la Casa Blanca. Fueron asomando durante su presidencia de a poco, con pintadas anónimas en escuelas y en las calles, con manifestaciones en Charlottesville, pero ahora patrullan las calles no solo con permiso sino con justificación presidencial.

El mensaje de la convención republicana parece estar dando frutos tras los caóticos sucesos en Wisconsin. Una encuesta de Democracy Institute indica que el lema de la “ley y el orden” ha subido ahora al primer puesto de prioridades electorales, 37%, más allá incluso de un 27% que dice que la economía es hoy el problema más acuciante. Esta encuesta dice que un 74% favorece el lema de “todas las vidas importan” sobre un 26% que dice “las vidas negras importan”, mientras que hace pocas semanas era parejo.

Por eso Trump viaja este martes a Wisconsin, ese estado que es clave para ganar los comicios de noviembre. Se mete en la boca del lobo porque sabe que puede darle frutos. Esto abre un escenario peligroso, impredecible, en un país que está cada vez más dividido, en carne viva.

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