Un partido de infarto, dos goles en la prórroga y unos penaltis que dan a Croacia una semifinal que merecieron por juego y ocasiones.

Croacia está donde debía. Con agonía, tras la prórroga y los penales, alcanzó las semifinales, la cima de su mejor generación. Allí donde debía estar España -y no llegó por deméritos propios-, los croatas también padecieron un calvario para doblegar la eficaz defensa rusa. Igualaron un tanto inicial, se pusieron por delante en la prórroga y debieron sobreponerse al golpetazo que condujo a la tanda. Allí, con una pizca de suerte -la que llevó a la red el penal de Modric-, Rakitic firmó la rendición de Rusia.

 

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