Los daneses se adelantan con un tempranero gol de Eriksen y los australianos igualan tras convertir un penalti en el que el VAR, impecable una vez más, auxilió a Mateu Lahoz

El muestrario mundialista es variado. Ofrece equipos que ejecutan libretos basados en el aseo en el toque, en salvaguardar la posesión de la pelota, en aplicar una presión asfixiante y lanzar veloces transiciones o en abrir el paraguas de la prudencia y achicar espacios ante su portería. A Australia no cabe encasillarlo entre los más sutiles, seguramente tampoco a Dinamarca. Pero, si se atiende a las actitudes, no están tampoco entre los más remisos. Por eso protagonizaron un partido frenético y entretenido pleno de vigor, velocidad, fuerza y coraje, de idas y vueltas que no se quedaban por el camino sino que tenían llegada. Con justicia acabaron el partido en empate (1-1), exhaustas y, al tiempo, con una mueca de descontento. Dinamarca sintió que tuvo cerca el triunfo y con él casi cerrado el objetivo de entrar en octavos de final sin esperar a su partido del próximo martes contra Francia. Peor, con tres puntos menos que los daneses, lo tiene Australia, que llegará a la cita final ante Perú contra las cuerdas. Pero con vida.

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